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Es muy probable que el presidente Barack Obama no tenga el capital político necesario como para impulsar una reforma a la ley de inmigración, tal como había prometido durante la campaña electoral.
Así es que Obama anunció que el esfuerzo de reforma se demorará hasta el 2010, en un reconocimiento tácito que por ahora Washington está muy embrollado con el seguro de salud y los proyectos para aumentar el control del sistema financiero.
Es probable que Obama no quiera repetir las experiencias del presidente George Bush que dos veces vio fracasar sus esfuerzos para una reforma.
El director ejecutivo del Centro para Estudios e Inmigración, Mark Kirkorian, dijo que “mientras más se prolongue el debate sobre el seguro de salud, se demorará más la aprobación de un plan de reforma y será mucho más difícil plantear el problema de la inmigración”.
La situación ha provocado desaliento entre grupos de defensa de los inmigrantes y organizaciones hispanas.
Franciso López, director ejecutivo de CAUSA, un grupo de defensa de los hispanos en el noroeste, dijo que “si no vemos una acción en el Congreso, más temprano que tarde, veremos que una gran cantidad de latinos no irán a votar en las elecciones del 2010. Esto es algo que el Partido Demócrata debe tener en cuenta”.
Reconoció que es una tarea difícil pero, “la pujante comunidad latina espera que el presidente y el Congreso cumplan con sus promesas”.
El presidente Bush se encontró con una oposición muy activa en el 2006 y el 2007 cuando intentó lograr una reforma migratoria y hubo una división en el Partido Republicano.
Ahora, pese a que los demócratas
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